miércoles, 25 de septiembre de 2013

capitulo 7

Revendiendo alcalinas noches de ayer no se avanza hacia el deshigenico papel.

Toda calle amaestrada bebía su mesa con sal y astronico.
Y las ardillas de las colinas demasiado manteadas pensaban:
- Que taladro volara sobre las piscinas eléctricas de plantaciones bananeras huecas envasadas al vacío?


Serpentean rojo nubes poco profundas del porvenir mujeriego que se rasca. Tan solo el ebrio de plástico puede satisfacer botas negras que sonríen al color. Quizás mañana corte el sol en las lagunas de la bombilla que no sabia cantar y desmembraba azúcar en sabanas claroscuras vacías del querer.

El maldito koala asesino politoxicomano se desvanece entre el azul, nada mas que desiluminadas baldosas corren hacia atras despintando paredes ya cocinadas en el trazo.

Lapicean las oscuras libretas tenidas al no saber demasiado preocupadas por enchufar colores en sueños de pizarra osucra casi negra que no entiende al verde. LLamo al desbrozar de las mañanas por su apellido pero no aprobo. no aprobo...y ahora...tan solo queda silbar!

silbar...

Bares que nunca tropiezan con las desardilladas lugubres peceras sin sal ni conservantes. Aptas para torcerse en el humeante queso sabor a nada. Desdichadas reflexiones que no se gratinan al sol ni siquiera para descalefactar tomates enyesados. El telefono cedio. Nada puede ya deshumificar al que duerme con las uñas demasiado sin cortar para el gusto de los leds. Rojo es.

Rojo.

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